Disfunción o dolor agudo


Una disfunción o lesión con dolor agudo es consecuencia de una una agresión o una sobrecarga por estímulos repetidos. Un exceso de estímulo en una función o estructura de nuestro organismo. Este exceso de estímulo puede ser aislado y muy intenso como en el caso por ejemplo de un esguince o repetitivo y demasiado frecuente como sucede en una tendinopatía aguda, la típica tendinitis. Suele estar asociado a traumatismos y  a la realización de ejercicio físico en el caso del aparato locomotor y a sobrecarga funcional en otros órganos y sistemas.
También existen dolores agudos asociados a cambios degenerativos consecuencia de un mal uso funcional de nuestro organismo, el sedentarmismo es uno de los mayores causantes. Estos dolores agudos son episodios álgidos de un cuadro de desadaptación crónico



Pero, ¿qué debemos hacer ante una lesión o disfunción aguda?. En primer lugar saber lo que esta ocurriendo.
 Ante esa agresión nuestro cuerpo se defiende con sus propios medios, tratando de recuperar la zona dañada.
¿Y qué medios tiene para ello?.
El dolor como regulador que nos avisa de que algo va mal y hace que debamos usar menos la zona agredida. Usar menos, que no es lo mismo que no usar.
Y la inflamación, que es la reacción metabólica destinada a  proveer de sustancias reparadoras y al aumento de la actividad local para abastecer a las estructuras dañadas de los elementos necesarios para su reconstrucción.

Dolor e inflamación. Lo primero que nos viene a la cabeza es que el dolor es malo y la inflamación peor. ¿Y cómo puede ser que la reacción de TODOS, los organismos ante una agresión sea perjudicial para el propio organismo?. En ocasiones podría ser, cuando es excesivo y descontrolado y también cuando se cronifica. Pero en la fase aguda y con una causa totalmente identificable como es una sobrecarga o agresión por estímulos desproporcionados, es beneficiosa su acción. ¿Qué sentido tendría de otra manera? ¿Acaso el organismo se agrede a sí mismo? Hay casos en que esto sucede. Se trata de enfermedades autoinmunes, reumatismos, etc. Pero la inflamación y el dolor están presentes en todos nosotros. No podemos estar todos mal regulados. Tiene que tener una finalidad este tipo de reacción ante una agresión.


El razonamiento no consiste en fomentar el dolor y la inflamación, sino en utilizarlos para nuestro beneficio, en lugar de eliminarlos sin más. Claro que hay que combatir los síntomas cuando estos ponen en riesgo importante al conjunto del organismo que es incapaz de reaccionar y sus mecanismos de defensa son insuficientes. Pero no es el caso de las lesiones por sobrecarga. Y quizá se piense que si algo tiene un efecto beneficioso en casos graves, aplicado en casos leves y  en menor dosis debe tener el mismo beneficio. Pero sinceramente creo que eso es un error cuando este tratamiento interfiere y anula los mecanismos de defensa y regeneración de un organismo que responde bien y que solamente ha sufrido una lesión por sobrecarga.

Nos tomamos los analgésicos y los antiinflamatorios, da igual sintéticos mas potentes o naturales, pensando que ellos nos van curar la lesión. Tratamos de eliminar los síntomas, el dolor y la inflamación, suponiendo siempre que si no duele ya habrá curado, en lugar de preguntarnos que significado tiene ese dolor y esa inflamación en ese lugar y porque se ha producido.
Al margen de que estas sustancias dirigidas a eliminar los síntomas tienen no pocos riesgos para nuestra salud y efectos secundarios indeseables por lo que hay que valorar los perjuicios potenciales que conlleva su ingesta, la eliminación de los síntomas no puede ser nunca el objetivo de un tratamiento de una lesión por sobrecarga. El tratamiento debe procurar resolver las causas y devolver al tejido dañado toda su funcionalidad.

Además, tendemos a parar de manera brusca, a dejar la zona en un reposo absoluto, incluso con inmovilizaciones prolongadas, sin pararnos a pensar que cuando se produce un traumatismo, leve o grave, el organismo pone en marcha un complejo mecanismo de cicatrización para reparar el daño y que estas estructuras queden funcionales. En la reacción inflamatoria hay un aumento de la permeabilidad vascular, un incremento del flujo de sangre y un exudado y aporte de sustancias destinadas a la reparación del tejido dañado. En el hematoma y coágulo posteriores se forman unas redes de fibrina que harán de puente de unión entre las partes dañadas y donde diferentes clases de células inmaduras irán proliferando frenéticamente y fraguando hasta restaurar la zona. ¿Tenemos que eliminar esta reacción?. ¿Hay que inmovilizar la zona y restringir con ello el flujo de sangre y el drenaje?. Yo pienso que no. 


Dejemos que la inflamación realice su trabajo y pongamos los medios para favorecer el flujo de sangre y la reconstrucción funcional de las estructuras dañadas. El grado de dolor al utilizar la zona nos avisará hasta donde podemos llegar en la utilización de la misma para favorecer lo anterior. Hay muchos medios de estímulo que reclaman de manera progresiva la funcionalidad y el intercambio de líquidos. El reposo absoluto no es precisamente lo mejor. 
Si la agresión es tan importante que el dolor se manifiesta de forma insidiosa incluso en reposo, se puede optar por regularlo con analgésicos, aunque es muy poco probable que una lesión por sobrecarga tenga esta característica. Muchas veces con algo de movimiento controlado que favorezca la circulación de líquidos y el drenaje el dolor puede disminuir considerablemente.


Mientras duran estos procesos que hemos descrito, y para que concluyan con éxito, es necesario un aporte sanguíneo óptimo, para que el aporte de nutrientes y el intercambio de gases abastezca a esta zona con mayor demanda. Hace falta cierto grado de movimiento siempre, controlado y regulado, para eso sirve el dolor, pero hay que estimular la circulación local.
En 1852 el cirujano militar holandés Mathijsen, tuvo la idea de impregnar los vendajes en yeso para no empeorar las fracturas en los traslados de los caídos en el campo de batalla, y los trasladados por aquellos irregulares caminos y en aquellas carretas llegaban mucho mejor a los hospitales de campaña que los que no llevaban yeso y con el ajetreo del traslado multiplicaban su lesión. Lo que debía servir para una situación muy concreta se convirtió en una tendencia que aún manda en los tratamientos de lesiones con vendaje rígido durante semanas de inmovilización. Y no es que no haya habido avances, pero el criterio administrativo se impone en la mayoría de las ocasiones al criterio clínico. Y cuando esto no es así, el convencimiento de que la reparación de la estructura es mas importante que la de la funcionalidad, anteponiendo siempre lo inmediato y lo que se ve antes que el medio y largo plazo y lo que no se ve.



Esta parálisis prolongada deja como secuelas la atrofia muscular, descoordinación motriz, desmineralización ósea, fibrosis, adherencias y disfunción con dolores crónicos y debilidad estructural que requieren mucha más rehabilitación en la mayoría de las ocasiones que el propio traumatismo.
La necesidad de los atletas de una pronta recuperación y funcionalidad vino a dar algo de respiro al demostrar que las vendas y escayolas funcionales consiguen recuperaciones más rápidas y con menos secuelas. Y eso a pesar de que ya en 1911, en su tratado “El tratamiento de fracturas mediante movilización y masaje”, Jean Lucas-Championnière decía que “…la inmovilización absoluta no es una condición favorable para la reparación ósea. Una cierta cantidad de movimiento controlado hace que se mantenga un buen funcionamiento de los músculos, nervios y vasos sanguíneos de la estructura afectada, y esto es más importante que recuperar la forma anterior”.
Hay múltiples artilugios y materiales, así como técnicas de estabilización/inmovilización,  todos enfocados en esta dirección que considera al músculo como la bomba más importante para que se produzca el flujo sanguíneo normal y ayuda con su acción a que renueve edema y se favorezca la recuperación.
Además la movilización hará que la cicatrización sea menos fibrosa, más elástica y mucho más funcional y también que se produzcan menos riesgos de trombos y degeneración ósea y muscular.

Normalmente se considera la función de la musculatura como generadora de fuerza y movimiento entendido como desplazamiento, pero se olvida una función fundamental, su papel como bomba venosa y de intercambio de líquidos. La contracción-relajación de la fibra muscular, junto con la colaboración del tejido conjuntivo y óseo, crea cambios de presión en otras estructuras y cavidades. Estos cambios son fundamentales para la correcta vascularización y funcionalidad de dichas estructuras en particular y de todo el organismo en general.
Además, la arquitectura estructural es reflejo de su función. Si cualquier estructura deja de realizar su función durante un periodo de tiempo, los cambios adaptativos harán que dicha estructura sea el reflejo de la nueva función.


Dicho de otra manera, si dejamos una estructura parada y sin trabajo durante mucho tiempo y además esta estructura está en fase de regeneración, se producirán en la misma fibrosis y adherencias con uniones y orientaciones de las fibras de manera no funcional. Debilitamiento, reducción de elasticidad y fuerza, inhibición del proceso de regeneración y de la movilidad con reducción de la misma y el envejecimiento prematuro del tejido.

Volviendo a nuestras lesiones por sobrecarga. Si paramos e inmovilizamos cualquier zona agredida estamos  restringiéndole  el necesario aporte de nutrientes para su regeneración, además de estar creando una  renovación del tejido menos funcional de si lo hacemos con movimiento controlado.
Si además tomamos los analgésicos y los antiinflamatorios protocolarios estamos eliminando los recursos que el organismo pone en marcha para ayudarnos en la recuperación, y añadiendo un riesgo no menor.
En lesiones mayores seguro que será necesario un control del dolor y la inflamación. Pero en lesiones por sobrecarga es desproporcionado e ineficaz.
No estoy tampoco proponiendo que haya que retomar la actividad normal inmediatamente. Se pueden hacer muchas cosas entre volver a lo que nos lesionó y estar completamente parados.
La finalidad no es volver a la actividad cuánto antes. El objetivo es recuperar la zona de la manera más funcional posible.


Por supuesto, ante una lesión debes acudir a un profesional que te aconseje  y te oriente. Puede haber algo más que una simple lesión por sobrecarga que necesite otro tipo de tratamiento. Pero ya habrás podido observar que depende a quién te dirijas te marcará un camino u otro. Debes informarte, razonar y pensar que es lo mejor para ti. Contrasta opiniones.
Mi opinión es acorde con lo que se cuenta en esta entrada, así que pienso que, básicamente, unos te ayudarán y asesorarán en la estimulación de la circulación y la funcionalidad de la zona y trataran de optimizar los recursos de tu organismo de cara a que tu seas sujeto activo en la recuperación y otros te considerarán un sujeto pasivo que debe esperar parado a que unas sustancias externas eliminen los síntomas.

La opción que yo te aconsejo ante una lesión o dolor agudo por sobrecarga es que estimules la circulación local y el movimiento controlado. Que la amplitud e intensidad de los gestos y movimientos los frene la molestia o el dolor en la zona dañada y que dejes que la inflamación haga su función.

En el caso de que corras, por ejemplo, si te molesta corriendo, ponte a caminar. Si caminado tienes dolor, haz baños de contraste y vuelve a probar al día siguiente a caminar. Cuando puedas caminar prueba a correr suave y ve retomando la actividad progresivamente. Puede ser recomendable estirar o no, eso lo debe valorar alguien con mas conocimiento del tema. Depende de muchos otros factores.
Una de las dudas más comunes entre quienes aplican este método es pensar que si retoman la actividad y fuerzan se pueden lesionar más. Si te riges por realizar actividad sin dolor es imposible que esto suceda y si te quedas parado mucho tiempo la recuperación seguro que es mucho menos funcional. Si sales a probar con analgésicos que enmascaren tu dolor estás en riesgo puesto que anulas la alarma y si tomas antiinflamatorios cortas el mecanismo regenerativo propio.

Las aplicaciones de agua en contrastes de calor y frío se suelen comenzar con frío en fases agudas, al principio de la lesión. Esto es porque la zona estará tumefacta, caliente y con edema. Se alterna con agua caliente varias veces y se acaba con agua fría. Se pretende estimular la circulación de la manera mas pasiva y menos agresiva posible, para no sobrecargar las estructuras dañadas, no se pretenden rebajar la inflamación.

Por eso en fases más avanzadas, cuando ya no hay edema, ni tumefacción si no mas bien la zona está fría por la fibrosis que se crea, se comienza por agua caliente y se alterna con fría. La finalidad es la misma que en el caso anterior, estimular la circulación.
Esto mismo sucede cuando se recomienda aplicar hielo en las zonas lesionadas. Hay que hacerlo si previamente se ha estimulado la circulación, al terminar el ejercicio o la actividad, como medida de vasoconstricción y drenaje favorecedora de un intercambio de líquidos. No tiene una función antiiflamatoria. Por eso no se aplica mas allá de 5 o 10 minutos. Si estamos una hora con el hielo lo único que logramos es cortar el metabolismo peligrosamente y no favorecemos para nada la recuperación.
Por estos mismos motivos las aplicaciones de calor por sí mismas y aisladas no tienen ningún sentido. Y mas si son prolongadas ya que no logran nada más que congestionar la zona. Si que pueden tener un efecto analgésico, igual que el frío, pero no favorecen la recuperación.
El calor en sí mismo no es beneficioso para la recuperación, es una señal si viene de dentro de nuestro organismo que significa que hay un aumento del metabolismo, que el cuerpo está trabajando. Aplicar calor desde fuera no tiene mucho sentido, es mejor el generado al  moverse.

Moverse cuánto antes y conforme el dolor vaya dejando hacer mas gestos. Eso si que estimula la circulación y el metabolismo, además de favorecer la regeneración funcional de las estructuras dañadas ya que los nuevos tejidos se formarán siguiendo las líneas de fuerza a las que se vayan sometiendo progresivamente.

No dejes ni un solo día de estimular la circulación y la funcionalidad de manera mas o menos intensa.
Si además quieres que alguien te ayude, existen muchos métodos manuales y mecánicos que favorecen esta estimulación y funcionalidad. En esta línea se enmarcan los tratamientos osteopáticos. No tienen una finalidad analgésica, no intentan eliminar los síntomas. Su objetivo es favorecer el terreno y potenciar los recursos del organismo para una recuperación mas rápida y mas funcional. Se eliminan las restricciones de movilidad para favorecer la circulación de fluidos y el impulso nervioso y con ello el buen funcionamiento global. Trabajan contigo.

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